Instauradas en la península ibérica desde el siglo XIV, las Audiencias hispanas fueron tribunales encargados de impartir justicia y representar al rey en los territorios donde no siempre podía estar presente. Acorde con la tradición castellana, Isabel la Católica instauró la Real Audiencia de Valladolid, que quedó divididas en dos, la segunda parte de ella, más tarde tendría sede en Granada. Con la implantación del Estado Moderno hacia 1500, el modelo de estos tribunales pronto fue trasladado al otro lado del Atlántico, aún antes del establecimiento de los virreinatos, pues como señala Guillaume Gaudin, en las Indias, la administración se calcó del modelo castellano con cuatro niveles de poder para estructurar el espacio colonial: en la cumbre los virreyes, en el ámbito regional las audiencias; a escala provincial los alcaldes mayores o corregidores y en el plano local los municipios (Gaudin:2017, p.34).
En el territorio americano, la primera audiencia que se fundó fue la de Santo Domingo en 1511–con sede en la isla de la Española– cuando aún no se pensaba siquiera en el Consejo de Indias como juzgado de apelación. Aunque como causa principal para su fundación se mencionaba el deseo de ahorrar a los colonos gastos en las apelaciones, este tribunal sirvió para hacer contrapeso al poder del gobernador Diego Colón, hijo del almirante genovés (Schäfer:1947, p.67).
Después de Santo Domingo, siguieron otras implantaciones de audiencias en las principales ciudades que se fundaron conforme el territorio se fue conquistado militarmente, como medida para establecer un firme control sobre aquellas tierras. La de México fue erigida en 1527 y son de sobra conocidos los conflictos que se presentaron en el virreinato derivados de esta primera audiencia, los que finalmente llevaron a su disolución y establecimiento de un segundo tribunal en 1530. Con la intención de descargar la labor en las regiones más lejanas a la ciudad de México, en 1548 se fundó la Audiencia de Nueva Galicia que se encargaría de los territorios al norte del virreinato (Burkholder y Chandler:1984, p. 13) .
Panamá por su parte, fue instaurada en 1538 de manera oficial, aunque no duró mucho tiempo, pues se disolvió tras haber existido apenas cuatro años y erigida otra en América Central llamada de los Confines, que después se convirtió en la de Guatemala en 1543, mismo año en el que se fundó la de Lima. En la parte sur del continente, también se erigieron audiencias para Nueva Granada (Santa Fe) en 1548; Charcas (1559), Quito y Chile (1663); esta última restablecida en 1606 igual que la de Panamá que nuevamente se instauró en 1564. Las últimas dos fundaciones fueron la de Manila en 1583 y Buenos Aires en 1661, esta última con una corta vida, pues se le suprimió pocos años después. Las cinco Audiencias cuya sede estaba al norte de Panamá, quedaron sujetas a la vigilancia administrativa del secretariado de la Nueva España y las otras dependieron del de Perú (Burkholder y Chandler:1984, p. 13-14).
En estos tribunales, trabajaron al servicio del rey hombres de leyes que encargaron de impartir justicia. Éstos eran agentes móviles capaces de representar en todas partes al monarca, gracias a una cultura jurídica común adquirida en las universidades castellanas. Con mayor o menor número de oficiales, a la cabeza de las audiencias estaba el presidente y los oidores, además de los alcaldes del crimen entre otros miembros que debían cumplir con la función principal de estos tribunales, impartir justicia. (Schäfer:1947, p. 107). Estos oficiales, por la naturaleza de su cargo, gozaban de una gran movilidad a lo largo del imperio, al ocupar distintos puestos en todas las Audiencias del territorio.
Dicha movilidad, para muchos de ellos representó la posibilidad de lograr ascenso social a través de estrategias como el desarrollo y la cohesión de su linaje horizontal (primos, hermanos, cuñados) y vertical (yernos, hijos y sobrinos); alianzas matrimoniales, diversificación de carreras (militar y eclesiástica), la obtención de ordenes de mérito y la apuesta económica y educativa por el primogénito de la familia a través de los estudios universitarios. (Gaudin:2017, p. 34)
De acuerdo con el periodo de tiempo que se esta proponiendo para la tesis (1520-1687), para las audiencias americanas fueron nombrados alrededor de 605 oficiales que ocuparon en una o más ocasiones cargos como presidente, oidor y alcalde del crimen. Las estrategias de ascenso burocrático de estos individuos, también les dieron la posibilidad de llegar a ocupar cargos en los Consejos u otras audiencias en la península ibérica. Sus alianzas familiares y matrimoniales posibilitaron la creación de redes complejas que llevaron a su linaje fuera de los tribunales como gobernadores, clérigos, comerciantes o militares.

Fuentes consultadas:
Guillaume Gaudin, El impero de papel de Juan Díez de la Calle. Pensar y gobernar el Nuevo Mundo en el siglo XVII, México, Fondo de Cultura Económica, 2017.
Ernesto Scháfer, El Consejo Real y Supremo de las Indias. Historia y organización del Consejo y la Casa de Contratación de las Indias, Tomo II, Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1947.
Mark A. Burkholder y D. S. Chandler, De la impotencia a la autoridad. La corona española y las Audiencias en América, México, Fondo de Cultura Económica, 1984.